Esta maniobra macroeconómica está dictada por una dura necesidad física. La construcción de fábricas de IA de gigavatios (como el reciente proyecto de OpenAI en Ohio) quema dinero a un ritmo sin precedentes. Para continuar comprando chips tensoriales de NVIDIA, los laboratorios necesitan cientos de miles de millones de dólares, que solo pueden obtenerse drenando la liquidez de Wall Street. Salir a bolsa será el momento de la verdad: los inversores minoristas e institucionales tendrán que evaluar si estas corporaciones pueden convertir su exageración tecnológica en ganancias B2B sostenibles, o si el mercado está comprando la burbuja de infraestructura más cara de la historia.
Fuente: Bloomberg
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