Fink enfatizó que los colosales costos de la infraestructura de IA (centros de datos, chips, suministro de energía) han creado una barrera de entrada insuperable. Como resultado, las superganancias de la implementación de redes neuronales se están asentando de manera desproporcionada en los bolsillos de un grupo reducido de megacorporaciones. Para la economía global, esto plantea el riesgo de una estratificación sin precedentes: la brecha entre los gigantes tecnológicos y el resto del mercado (así como entre los países desarrollados y en desarrollo) se está volviendo crítica. Esta es una señal para los reguladores de que las medidas antimonopolio en el sector de la IA pueden ser necesarias antes de lo esperado.
Fuente: The Guardian / BlackRock
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