Esta audaz declaración contrasta fuertemente: hace solo un par de semanas (5 de mayo), un regulador europeo rebajó por la fuerza el estado del FSD de Tesla, obligando a los europeos a mantener las manos en el volante. La diferencia de enfoques determina quién ganará la carrera tecnológica. Mientras Bruselas asfixia la innovación con un cumplimiento excesivamente cauteloso, Estados Unidos está dando luz verde a los algoritmos en las carreteras reales. El escalado del transporte totalmente autónomo es un poderoso motor macroeconómico, y EE. UU. tiene la intención de monetizar sus redes neuronales sin esperar la aprobación de comités de ética internacionales.
Fuente: Smart Mobility Summit / Reuters
AutomotorTeslaElon MuskEE. UU.Conducción Autónoma