A partir de este momento, la ausencia de marcas de agua (watermarks) explícitas en deepfakes o el ocultamiento de la naturaleza automática de un chatbot tiene un precio específico: una multa de hasta 15 millones de euros o hasta el 3% de la facturación anual global de la empresa. No se trata de una advertencia, sino de un mecanismo impositivo activo por incumplimiento. El regulador asesta un golpe directo a la economía unitaria de las nuevas empresas de IA y los hiperescaladores. La implementación de módulos de filtrado y verificación en la etapa de inferencia ralentiza la velocidad de entrega de tokens y requiere potencia informática adicional. La seguridad en Europa se está convirtiendo en una partida de gastos operativos extremadamente cara.
Fuente: Comisión Europea / The Verge
RegulaciónEU AI ActCumplimientoMultasMacroeconomía