Por un lado, la IA ejerce una poderosa presión deflacionaria sobre el sector de los servicios: la automatización de los centros de llamadas, la programación y la abogacía (como se vio con los despidos en Block) reduce los costos empresariales. Por otro lado, la construcción de fábricas de IA de 6 gigavatios provoca un choque inflacionario en los mercados de energía, cobre y chips. Los reguladores admiten que las subidas clásicas de los tipos de interés básicos ya no funcionan como un freno universal. La macroeconomía requiere nuevas herramientas para equilibrar una economía de "dos velocidades".
Fuente: Reuters
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