Wall Street reaccionó al instante: las acciones de Alphabet cayeron. A los inversores les asusta no solo la pérdida de un ingeniero clave que estuvo a la vanguardia de la infraestructura de la empresa, sino también la estricta centralización del poder en medio de costos astronómicamente crecientes. El mercado está cansado del romanticismo de la investigación y exige una comercialización rigurosa (ROI). La consolidación de la gestión bajo los auspicios de DeepMind es el intento de Google de acelerar el tiempo de comercialización (time-to-market) de sus productos para no perder la carrera frente a OpenAI. Sin embargo, la volatilidad actual demuestra que los accionistas dudan de la capacidad de la corporación para recuperar rápidamente los miles de millones invertidos.
Fuente: MarketWatch / Business Insider
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