Cuando un servicio postal estatal conservador comienza a comprar espacio para racks de servidores, es un marcador macroeconómico inconfundible. Los edificios de oficinas y los centros comerciales ya no proporcionan los rendimientos objetivo, mientras que el déficit de capacidad para la computación de inteligencia artificial garantiza pagos de arrendamiento estables y a largo plazo por parte de los hiperescaladores. Los centros de datos se han transformado en el activo refugio (safe-haven asset) más confiable de la década. Los inversores institucionales se han dado cuenta: los metros cuadrados no valen nada si no cuentan con megavatios de electricidad para enfriar los clústeres de GPU.
Fuente: Korea Post / Reuters
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