En lugar de promocionar ChatGPT únicamente como una herramienta para codificar o redactar correos electrónicos, el laboratorio de Sam Altman intenta integrar algoritmos en la vida hogareña. Las nuevas funciones apuntan a escenarios propicios para los cuidadores (caregiver-friendly), la seguridad infantil y la gestión de horarios domésticos. Desde una perspectiva macroeconómica, este es un paso lógico para expandir la base de suscripción de pago antes de salir a bolsa. Al transformar al asistente de IA en un ayudante doméstico indispensable, la marca intenta forjar una lealtad a largo plazo entre los consumidores sensibles a la privacidad y la seguridad de los datos.
Fuente: OpenAI / TechCrunch
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