La trama adquiere un matiz especial en el contexto de los informes internos de ayer del Wall Street Journal de que OpenAI no está cumpliendo sistemáticamente sus KPI de ingresos y crecimiento de usuarios antes de su OPI. Los documentos también arrojan luz sobre el complejo sistema de vínculos financieros entre Brockman y Sam Altman. La concentración sin precedentes de riqueza personal en manos de la dirección, cuyo producto quema miles de millones alquilando servidores e infraestructura Azure, es un síntoma clásico del sobrecalentamiento del capital de riesgo. Los reguladores y los inversores reciben una señal clara: el gobierno corporativo (corporate governance) en los gigantes de la IA sigue siendo opaco.
Fuente: Reuters / AP
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