El núcleo del conflicto es el consumo extremo de recursos. Los grupos gigantes (como esos monstruos de 6 gigavatios que está comprando Meta) requieren tanta agua para enfriamiento y electricidad como ciudades enteras. Los activistas argumentan que las grandes tecnológicas están descarrilando los planes nacionales de neutralidad de carbono. Para la industria, esto significa graves retrasos en el despliegue de infraestructura. La construcción de centros de datos en Europa se está convirtiendo en una cuestión política tóxica, lo que inevitablemente acelerará la migración de las capacidades de los servidores a países con energía más barata y regulaciones ambientales indulgentes.
Fuente: Reuters
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