La razón es prosaica: el consumo de energía. Los clústeres de miles de GPU queman electricidad en volúmenes tales que amenazan los objetivos climáticos y la estabilidad de las redes eléctricas nacionales. Esta es la primera campana de alarma política que le da la razón a Larry Fink (analizamos su informe anteriormente): el crecimiento extensivo de la IA requiere recursos monstruosos que la sociedad ya no está dispuesta a entregar a las corporaciones sin supervisión. Si se aprueba el proyecto de ley, el costo de la inferencia se disparará y los proveedores se verán obligados a hacer una transición urgente a chips altamente eficientes (como las nuevas NPU de Rebellions o la CPU AGI de Arm).
Fuente: The Guardian
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