La unidad tiene un mandato exigente: elaborar una auditoría exhaustiva de los riesgos de la superinteligencia en un plazo de 120 días y establecer parámetros para la supervisión federal directa de los modelos fronterizos. Esta medida simboliza la transición de la política estatal desde declaraciones abstractas hacia el control institucional de los clústeres de computación. Washington ha comprendido que los agentes autónomos y el autoaprendizaje recursivo plantean una amenaza directa a la seguridad nacional. Designar a un jefe de inteligencia al frente de la estructura de IA significa que laboratorios del calibre de OpenAI y Anthropic ya no podrán desplegar arquitecturas fronterizas sin la autorización preventiva de los organismos de defensa.
Fuente: Reuters / The Wall Street Journal
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