El motivo de esta maniobra no es ningún secreto: el crecimiento explosivo de la infraestructura de IA exige una estabilidad del 100%. Los clientes estadounidenses (desde NVIDIA hasta Microsoft) ya no pueden permitirse depender de fábricas ubicadas dentro del alcance de la artillería de la República Popular China. La asignación de 20.000 millones de dólares es el precio del riesgo geopolítico. Taiwán se ve obligado a transferir su activo más valioso (las competencias de TSMC y las fábricas relacionadas) al continente americano para asegurar la supervivencia de sus corporaciones. Para la macroeconomía, esto significa una mayor fragmentación y un aumento del costo del "hardware": duplicar fábricas en Occidente afectará el costo final de la computación.
Fuente: Ministerio de Asuntos Económicos de Taiwán / Reuters
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